Le caía el sudor por cada poro de su escuálido cuerpo. Debido al traje que le engullía sólo su acaloro se hacía notar en las gotas que bañaban su frente y en el color que habían adquirido sus pómulos, o el lugar donde deberían estar.Primero había deambulado en torno al mágico árbol que decoraba el patio, del que el Rey presumía constantemente en sus grandes fiestas nocturnas y diurnas,como si sus ramas le pudieran decir lo ocurrido. No, no, no, no, no…. hasta un total de 35 veces seguidas había repetido la negación ante el desastre que le había anunciado su segundo al mando Cubilete, llamado así porque su casco se asimila a los cubos de latón al haberle traspasado un cordón de lado a lado para evitar que al muchacho se le cayera el sombrero. ¿Cómo ha sido posible? ¿Quién estaba de guardia? ¿Quién se encuentra al mando de esta unidad? Todas esas preguntas eran las que se imaginaba que el Rey y los Académicos le preguntarían. A él, al pobre Segismundo que sólo había recibido de su padre el nombre y el puesto de Vigilante Arbóreo Imperial que se heredaba por línea masculina y porque su viejo le había asegurado que era el trabajo más aburrido del todo Montesco. El puesto era sencillo, coordinar un grupo de soldados que vigilaran las veinticuatro horas del día el Deufosco. Eso era fácil, había dos turnos compuestos por doce unidades, cada soldado se colocaba en torno al árbol juntando hombro con hombro hasta rodear el tronco completamente. Seis se colocaban mirando hacia el árbol, y los otros seis hacia el resto del patio. El segundo turno se colocaba de la misma forma durante la noche y se acompañaba de un refuerzo constituido por un mago, sí de 150 años y con unas cataratas que no reconoce ni su propio rostro, y una Iocufocus, guardiana del fuego.
Pero todas estas medidas no habían servido para nada, y su pellejo peligraba desde el mismo momento en el que Cubilete le había despertado a primera hora de la mañana para que sin demora se dirigiera al castillo y observara con sus propios ojos lo ocurrido. Y allí se encontraba, moviéndose en torno al hueco en donde caído y destrozado se hallaba el icono de su pueblo. El árbol de las plumas, completamente desplumado y viéndosele las raíces como si de tripas se tratase. Nadie había visto nada, ni oído nada, el mago estuvo roncando durante toda la noche. En cuanto a la guardiana, se trataba de una novata, recién salida de la escuela de Iocufocusion, debía de haber realizado sus prácticas de día pero su tutora tenía una conferencia al otro lado del reino y su pipiola acepto cubrir su turno nocturno. Sin embargo, la moldeadora de fuego aburrida de escuchar los sonidos nocturnos del mago decidió crear dos fogatas que iluminaran bien el patio real y salir a dar una vuelta por la portería del castillo, donde casualmente trabaja su novio. Por último estaba la cuestión sobre por qué habían aparecido los soldados del turno de noche de esa guisa, en paños menores y sin armadura, sobre aquello decidió que no quería ni preguntar, ni indagar.
¿Qué querrían los vándalos que han hecho esto?, el mágico árbol se encontraba intacto, pese a su derrumbe en el suelo. Las plumas que pendían de él no habían sido robadas sino que por la circunstancia que fuera, tal vez por haberlo arrancado de la tierra, se habían caído todas de las ramas antes de madurar. El hueco que se habían dejado las raíces del Deufosco tenía el tamaño de una persona. ¿Pero si no querían llevárselo? ¿Por qué lo han sacado de su lugar dereposo? Muchas eran las preguntas y ninguna la respuesta. Su decisión no era lo mejor que podía hacer, pero si lo que le daría mas tiempo para pensar qué decir al Rey antes de que este le llamase. Se dirigió hacia su garita y comenzó a escribir el informe. Tomó un pergamino del cajón, de color verde que se dice que es de la esperanza y en esta ocasión necesitaba bastante para conservar su cuello, y su pluma del tintero, la de la suerte. De color azul, otorgada por la Academia cuando se alcanzan los estudios medios de escriba.
INFORME DE SEGISMUNDO II A REY DE MONTESCO
Fecha: En la noche del 25 de Narrativa.
Hecho acontecido: entre la puesta y la salida del sol se ha cometido una grave infracción dentro de los terrenos palaciegos. Nuestro amado y legendario árbol Deufosco ha sido atacado por persona o criatura desconocida.
Acciones a realizar: presentar informe con....
No llegó a terminar la redacción pues llamaron a la puerta dos jóvenes soldados, uniformados de negro salvo su capa roja con el escudo de armas de la corte, una corona en la que se cruzan dos plumas rojizas, eran miembros de la guardia personal del Rey. -Ya sabes lo que toca Segis- el tembleque del vigilante arbóreo hizo que varias gotas de tinta se cayeran sobre el informe. Las secó cuidadosamente con la manga de su camisa para evitar que se expandieran por el resto del documento. Tomó el pergamino y lo dobló cuidadosamente. Se acercó a los militares y con un dubitativo -ya estoy listo- comenzaron la marcha hacia los aposentos reales.

Segismundo lo tiene crudo...
ResponderEliminarjajajaja está algo jodidillooo la verdad jajajaj
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