martes, 4 de octubre de 2011

El espectacular caso de la luciérnaga que tenía miedo a la noche




La monotonía nocturna de mi persona se ha roto esta noche. Mi actividad mental habitual cuando reina la luna es aquella en la que mi mente divaga hasta llegar a la conclusión de que cualquier tipo de ser maligno, porque siempre tiene esta característica, se arrastra por el cuarto y susurra en la cabecera de la cama palabras incomprensibles, pues no obviéis que los seres no humanos no parlan la misma lengua que un simple mortal. Cuando esto ocurre, enciendo el pequeño candil, que tengo en la mesilla de noche, y tras varios intentos, pues el tembleque de las manos dificulta la acción de encender una llama, la luz de la salvación invade toda la habitación. Tras la inspección exhaustiva por un espacio de apenas cinco pasos, es decir, revisión del hueco bajo la cama y el escritorio, y la absurda extrañeza de no encontrar el espíritu, demonio, duende, bruja… que me atormenta decido volver a dormirme. Esta última parte es la que desearía que fuera real todo bicho viviente de la pequeña aldea de Cazuela, imaginar la forma de dicho territorio con tal nombre. Sin embargo, tras los pequeños terrores nocturnos en vez de intentar descansar acoplo la vela en el escritorio y cojo uno de los volúmenes de mi exquisita colección Seres que se esconden tras las sombras de Monte Llano. Es el mejor manual contra seres malévolos que toda muchacha de 20 años en perfecta edad de casamiento, pero con traumas denominados por la matriarca familiar “que se quitan a hostias”, puede tener. Inspecciono cada página, cada imagen y sobre todo el apartado “Como vencer a…” por si en alguna ocasión mi pánico ficticio se vuelve de carne y hueso y debo enfrentarme a alguna malignidad que llegue a los terrenos de Monte Llano. El problema causante de esta actividad bajo las estrellas es lo que ocurre al día siguiente. Al no descansar y no poder dormir, mi mente se viene y se va, me convierto en una sonámbula diurna que no sabe dónde está, ni que tiene que hacer, causando algún que otro desmán en la tranquila Cazuela. He aquí la causa de que Lucrecia Terrens, el nombre con el que me dotaron mis padres, se halla transformado en Lucerna Terroris, lo que viene a ser “luciérnaga miedica”, pues al igual que la luz de estos insectos mi mente parpadea a causa del miedo.
Pero por suerte, durante esta primera luna otoñal mis pensamientos no se dirigen hacia entes que pudieran saciarse conmigo, sino que viaja a 5.000 leguas de aquí, hacia la zona oeste de Monte Llano, en donde se celebraba en gran festival de Anunciarios, trovadores y Cuentamentes. Esta feria reúne a todo hombre, ser mágico o animal parlante que pueda contar una historia; ya sea de amor, de venganza, de guerra o la vida de un linaje noble, de la que son expertos los “Anunciarios Nobelescos”. Además de congregar a las grandes y pequeñas casas libreras que llevan a sus mejores escribas para captar las nuevas tendencias narrativas y llevarlas a las cuatro puntas del Reino Montesco lo antes posible.
Durante un mes los mejores narradores se disputan el titulo de “Voz Cantante Montesca”, pues a partir de sus mejores relatos se elaborarán las novelas, leyendas y cantares que tendrán mayor difusión por todo el territorio durante los próximos sesenta meses. Además, tendrá el privilegio de iniciar el “Nuevo Lustro Cuentamentano”. Los Cuentamentes son un género narrativo de gran difusión en esta zona. Se trata de historias engañosas, como su nombre, pues su terminología no viene de Contar/mentes sino de Contar/mientes, es decir, consiste en narrar falsedades cuyo objetivo es que se conviertan en realidad y ello provoca grandes cambios políticos y territoriales, no he de decir más que antes de que se creara el “Lustro Corta Cimas”, de eso han pasado más de 300 años, el Monte Llano poseía una de las cumbres mas altas de todo el reino.
Padre y Madre habían salido de Cazuela hacía siete días. Nuestra familia era la dueña de la librería más selecta de todo el valle y montaña de Cazuela. Además, el linaje Terrens poseía el título de los mejores escribas de Monte Llano gracias a que mi tatatatarabuelo consiguió la codiciada “Pluma Petra”. Esta pluma sólo se otorga a los grandes escribas del reino pues nace en un fruto de árbol Deufosco que sólo florece cada 50 años, cuyo único ejemplar se encuentra en el palacio de armas del Reino. ¿Qué como un árbol da como frutos plumas? Esa es una de las mejores leyendas del reino Montesco, pero la contaré en otra ocasión, ahora me está llegando el sueño y prefiero que me venza antes de que lleguen las brujas.

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