Por el peso que llevaba parecía haber robado comida de Golem. Además, la mano parecía afectada a causa de la magia que le atacó, pero no había otra forma de conseguirlo. La sangre se mezclaba con el sudor pero lo peor no era eso, sino el intenso cosquilleo que sentía en las piernas a causa de haber estado tres días corriendo sin apenas descanso. Su caballo le había abandonado, pero eso era algo habitual. Ahora la luna risueña vigilaba sus pasos, que por desgracia se habían perdido esta mañana y no sabía en dónde se encontraban. Había atravesado un bosque de susurradores, árboles de estrecho tronco y enormes hojas en las que puedes escribir un mensaje con la seguridad de que llegará a su destino pasando de uno a otro, pues fueron plantados de manera que sus ramas pudieran entrecruzarse desde cualquier punto de Montesco. Ahh!! Pero cuidado pues toda la magia tiene un precio, y en esta ocasión el árbol encargado del mensaje pide a cambio corteza de Deufosco para implantársela en su tronco y sentirse más fuerte. En la antigüedad el árbol de las plumas era habitual en los jardines montescos. Ahora no es así, de ahí que los susurradores ya no sean utilizados como carteros.
Le había sorprendido la facilidad de su escapada, un par de somnolientos y los soldados habían caído como moscas. Mucho escudo contra magos y hechiceros y luego se olvidan de las cosas básicas de este mundo, ¡Ni que los brujos fueran los únicos que pudiesen crear magia!, esos viejos chiflados sobrevalorados. Por eso su plan había sido tan eficaz, dejó escapar unos veinticinco ensoñadores, esos diminutos duendes plateados se arrastraron pasando desapercibidos entre los guijarros que formaban el suelo y atraídos por el metal de las armaduras, una delicatesen para su paladar. Una vez que rodearon a sus presas les hipnotizaron con un juego de luces, desde hace unos años hay algunos “sabios” que aseguran que el mismo efecto se consigue obligando al enemigo a mirar un manuscrito lleno de espirales, aunque creo sinceramente que es una patraña. Una gran ventaja fue que alguien hubiese dejado encendidas en el centro del patio real dos grandes fogatas, sino tendría que haber usado magia extra para darles a los pequeñines algo de luz con la que atontar a sus presas, porque no olvidemos que los somnolientos saben utilizar la luminiscencia pero no crearla. De esta forma los soldados bajaron la guardia mientras que los diminutos se comían sus armaduras hasta llegar al punto esperado, el momento en el que presa del ansia, los somnolientos no pueden dejar de comer, a pesar de que su diminuto estomago, o donde sea que guardan la comida, está lleno, por ello explotan. Sus cuerpecitos forman pequeños rayos luminosos, del mismo modo en que se descompone una luz cuando atraviesa un prisma, que causan un sueño profundo a toda cosa o ser que este a su lado.
Este fue el modo en el que conseguí comenzar mi cometido, porque el momento en el que lo termine es otra historia. Ahora me siento extasiado, necesito comer y un lugar seguro donde poder dormir. Me encuentro escondido entre los matorrales que limitan una pequeña aldea del bosque que he estado atravesando estos días. En un día podría recorrerse todas sus calles a la perfección, he encontrado el sitio correcto en donde aguardarme. Es un pequeño molino, aunque dudo que funcione como tal, en él sólo he visto aparecer una persona, podré controlar la situación a la perfección, estoy adiestrado para ello. Las luces del pueblo se han apagado. Salgo de mi escondite con esfuerzo a causa del peso de la carga y de mis heridas, estoy llegando a la entrada del molino. No escucho ruido alguno, giro el picaporte, cerrado. No es problema, utilizo mi fíbula de bronce para forzar la cerradura, mientras con la otra mano agarro mi capa para que no caiga al suelo. He conseguido entrar, arrastro el pesado bagaje hasta el pasillo que se extiende ante mi. Cierro la puerta con sigilo aunque el chirrido de las bisagras es inevitable, me siento en el suelo apoyando mi espalda en el portón. He cerrado los ojos, escucho mi respiración y mis latidos. PUM PUM PUM PUMPUMPUMPUMPUM….esos no son…abro los ojos, veo la presencia, escucho sonido de cristales y un grito irrumpe la tranquila noche.

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